Un zamorano habla de Cecilio Acosta

La cátedra Guaicaipuro descansó de la plaza Danilo Anderson. Esta es la primera vez que zarpa de Los Teques y se trasladó a la plaza Bolívar de la parroquia San Diego de los Altos. El invitado fue el historiador y cronista de la ciudad, Manuel Almeida, para conversar de la vida y obra de quien nació por esos parajes, Cecilio Acosta. La plaza estuvo movida y así como ráfaga cuando llegó el alcalde Francisco Garcés, las nueve filas de sillas blancas se ocuparon. La proporción de mujeres marcó la diferencia. Garcés de inmediato se acercó y fue estrechando las manos de los presentes. Algunos aprovecharon la cercanía y sin mucho aspaviento le entregaron sus peticiones hechas papel. “El frío está como para hacer muchachos”, les dijo a las señoras de la fila 5. Sonrieron. Los pajaritos se asomaron y piaron.

Sonó la cadencia del himno nacional y luego la del himno de la federación. “El cielo encapotado anuncia tempestad…”El alcalde destacó las virtudes de Cecilio Acosta. “Un hombre virtuoso, de estudio, de dedicación al intelecto y a su familia”. Recordó que este es el año bicentenario del nacimiento de Zamora, a quien Chávez exaltó como elemento del árbol de las tres raíces. Además mencionó que fue una gesta independentista que traicionaron los gobiernos siguientes creándose así una nueva oligarquía. “Quienes tenemos responsabilidades debemos aportar ética, solidaridad y compromiso. Llenar de luces a nuestro pueblo”, dijo. Y cerró que lo discutido en el Presupuesto Participativo sería correspondido en acciones.

En la mesa se sentaron de izquierda a derecha, Leoner Azuaje, Francisco Garcés y Manuel Almeida. La primera vez que vino Almeida a San Diego, fue por un taller de construcción de Historia local. Estaba jojotico. Ahora es el cronista. “Debo confesar que me cuesta hablar de Cecilio Acosta porque soy zamorano. De Acosta se ha construido una idea contraria, lo señalan como la antítesis del pensamiento zamorano”, dijo. Y agregó que son dos hombres que nacieron el mismo día, un primero de febrero, pero con un año de diferencia. Acosta era mayor. Almeida recalcó que sus sentimientos no eran tan distintos y a continuación se escuchó hablar a un zamorano bien de Cecilio Acosta.

Nacido en la parroquia fue un joven desde temprana edad interesado por las letras. Viaja a estudiar como seminarista en el Seminario de Santa Rosa y luego pasa a la Universidad Central de Venezuela a estudiar Jurisprudencia. En ese momento ve en Caracas a la gente de Páez y la de Leocadio Guzmán. Ambos bandos en pugna que se tenían “tirria”, pero era la misma élite enfrentada por el poder. Acosta siendo profesor era una persona de trayecto humilde, honesto y modesto que sostenía su vocación. Su crítica hacia el movimiento de Leocadio Guzmán en principio, era el uso de la palabra pueblo y segundo la arenga en la violencia política. Para él pueblo: “tú, pueblo, qué eres: tú eres la reunión de los ciudadanos honrados, de los virtuosos padres de familia, de los pacíficos labradores…de los militares, de los jornaleros…”No era un excluyente. El concepto de pueblo de aquella época tenía otra concepción, inclusive en nuestra constitución. Era una posición censitaria. Debías tener para ser ciudadano. Y él no venía de estratos pudientes. Cuestionó el grito de pueblo para convocar a la rebelión si había leyes e instrumentos. El problema era que éstos no existían y por esta razón se opuso al ideal de Zamora. Además Acosta adquirió la idea libertaria en la educación venezolana después de Simón Rodríguez. No hubo otro educador que planteara la necesidad de convertir a la educación en una política de Estado retomando el principio robinsoniano, para todos y todas.

El sol arreciaba y las muchachas se dejaban ver con sus sandalias altas y sus uñas recién hechas. Los camiones de la cerveza descargaban en el automercado del frente de la plaza. “¡Su madre!, se cayó la gavera”, espetó una señora y los lugareños ya tenían el cuello como el busto de Bolívar, girado hacia la derecha. Las bandadas de pájaros entre las nubes y los animalitos fastidiando completaron el cuadro.

Almeida hizo paralelismos entre Zamora y Acosta y no hizo malabarismos argumentativos para explicar que él desfavoreció el proyecto zamorano. Tampoco mencionó su postura frente a la inmigración. Habló de momentos antes de la federación, de la guerra federal, de las acciones de Ezequiel Zamora y de quienes se instalaron después en el poder. Explicó que Acosta fue un acérrimo opositor a Guzmán Blanco, ese gran oligarca que heredó las diligencias de Páez. El profesor alzó su humilde voz en los periódicos para dar argumentos acerca de ese supuesto sistema de libertades que planteaba Guzmán Blanco. No lo dejaron trabajar porque estaba en contra de las estructuras de poder y muere casi en la indigencia en 1881.

Por Mayrin Moreno Macías

Autor entrada: Prensa Alcaldía